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Ser ebanista: toda una vida aprendiendo el oficio

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Ser ebanista: toda una vida aprendiendo el oficio

Abel Fernández, de Boama, nos cuenta su trayectoria en la ebanistería y en el arte de trabajar la madera. De cómo su proyecto personal ha ido cogiendo, con el paso de los años, un carácter más artesanal, dominando cada vez técnicas más refinadas.

Así se hizo carpintero ebanista

Todo empezó un 3 de enero de 1994 en O Carballiño, Ourense, curiosamente el mismo día que Abel Fernández cumplía 18 años. Desde ese momento, y gracias a un aprendizaje constante de mano de los mejores carpinteros locales y diferentes formaciones en la Escuela de Artes, Abel comenzó lo que hoy en día es su modo de vida, realizando todo tipo de trabajos en madera.

Cuando los dueños del taller de carpintería donde se inició se jubilaron, no se lo pensó dos veces y empezó a desarrollar sus propios proyectos. Y ahí nació Boama (de boa madeira, en gallego), cuyo primer cliente fue el hermano de Abel. Su encargo fueron “unos muebles de fresno del país”, que todavía hoy Abel recuerda con cariño. 

Porque eso es la base de todo. “Las cosas necesitan cariño, necesitan no sólo saber hacerlas, sino que también le pongas dedicación, porque es tan importante lo que no se ve como lo que se ve dentro de un mueble. Ese es el fundamento de la ebanistería”.

Una de sus mayores satisfacciones como carpintero ebanista es “crear cosas con las manos, imaginarlas en la cabeza y después verlas plasmadas, a pesar de las horas, a pesar de la dedicación… es muy adictivo. Es un crecimiento personal y una satisfacción brutal.”

Qué produce en su taller de carpintería

De su taller salen todo tipo de piezas relacionadas con la madera: desde unas escaleras a unas puertas, pasando por un mueble, una cocina, un suelo. La lista es infinita, tanto como las necesidades de los clientes. 

Como él mismo dice, “haces lo que te encargan y con lo que te puedes ganar la vida, pero siempre necesitas tu campo particular de satisfacción y de seguir creciendo profesionalmente”.

Le apasiona trabajar maderas nobles y naturales, preferentemente de cercanía, como la madera de nogal, de castaño, de cerezo o de fresno y reconoce que el proceso de encontrar maderas que respondan a las exigencias de la ebanistería es complejo y requiere experiencia. 

De hecho, recurre siempre que puede, al conocimiento de sus maestros carpinteros ya jubilados para la selección de los tablones de madera en el aserradero. La selección requiere tener la mirada entrenada y las manos curtidas de oficio para saber escoger. 

Las fibras de la madera relatan la historia de un árbol en su crecimiento y su idoneidad para producir una pieza u otra depende de saber leerlas.

El trabajo de ebanista no es un proceso fácil, ya que constantemente se enfrenta a “cosas nuevas a las que le tienes que dar creatividad” para encontrar la mejor solución.

 “Quizás son las barbas blancas”, bromea Abel, “pero que la gente se fía de ti, que la solución que tú das es la mejor”. Eso implica que, cada vez más, la gente valore este tipo de trabajos en madera a medida. Algunos clientes vienen perdidos, “no encuentras quien lo haga, dicen, entonces cuando lo encuentran, lo valoran”.

La ebanistería es una profesión vocacional y una forma de vida que, en sus palabras, “requiere mucha dedicación y que tengas una sensibilidad un poco especial”. 

Abel cada vez intenta darle un carácter más artesanal, más de calidad y más personal, que la gente reconozca que “eso es un Boama”.

En un taller, que ha visto caer virutas al suelo durante más de 70 años y aunque, como él mismo dice, “la cadena del saber se rompe”, Abel es el mejor ejemplo de que la ebanistería y la artesanía en madera están más vivas que nunca.

Echa un vistazo a sus proyectos, verás qué significa “ser un Boama” y cómo la diversidad de sus trabajos no tiene límite.

Sabe trabajar la madera y dominar las técnicas, le permite a Abel, como buen profesional de la madera, abordar trabajos en madera a cualquier escala y con altos niveles de exigencia constructiva.

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