Secando el aire

Secando el aire

En la Vega de Granada se aprecian todavía hoy naves de madera que se utilizaron como secaderos de tabaco en el siglo pasado. Recorremos estos secaderos como reconocimiento al dominio popular de las técnicas constructivas con estructuras de madera.

Un reportaje de Ujarque, Alfredo Ávila Reyes, para woodiswood.


El contexto que generó estas naves de madera

Corre el año 1923 y mientras en España pasamos de la regencia de Alfonso XIII a la dictadura de Primo de Rivera, en la Vega de Granada se lleva a cabo la primera plantación experimental de tabaco. En pocos años, la comarca se convierte en la primera región productora de tabaco a nivel nacional, estado que sostuvo durante cuarenta años.

El cultivo de tabaco es una plantación de rotación anual que se siembra en los meses de mayo a junio y se recolecta en el mes de agosto cuando la hojas cambian de color verde a amarillo.

La planta recolectada se poda ligeramente, separando el tallo de la mata. Las matas se acopian y se precisa de un lugar donde poder establecer unas condiciones higrométricas que faciliten su secado.

De ahí la necesidad de una infraestructura capaz de ventilar las hojas para reducir su grado de humedad. Fueron los agricultores de la zona, con gran ingenio, los que fueron ideando las distintas soluciones constructivas.

Los primeros secaderos eran de paja y cañizo. Demasiado efímeros y laboriosos de mantener, así que pronto evolucionó la tipología constructiva con secaderos de estructuras arriostradas de madera, normalmente de madera de chopo, que abundaba en el lugar. Estas estructuras se completaban con cerramientos permeables al aire y cubiertas de paja, chapa o incluso teja.

Los grandes terratenientes también se sumaron a esta nueva empresa y necesitando secaderos de mayor capacidad, introdujeron la tipología de estructuras mixtas de ladrillo y madera.


Sobre diseños y soluciones de autoconstrucción

Una idea a puntualizar: ninguna de las soluciones constructivas documentadas en este artículo ha sido firmada o peritada por un profesional colegiado y, aún así, siguen hoy en pie.

Y puntualizo esto como homenaje a la sabiduría popular que siempre ha orbitado en torno a las construcciones agrícolas, en las cuales se dominaban las diferentes técnicas constructivas con la madera como elemento portante.

Las dos tipologías más habituales de secadero son:

- con estructura y cerramiento de madera

- con estructura mixta, muros de fábrica de ladrillo y cubierta con estructura de madera


Secaderos con estructura y cerramientos de madera

Estamos ante la tipología más humilde, la primera en surgir, resuelta con los conocimientos de los  agricultores de la zona. Estructuras de chopo arriostradas, cerramientos resueltos con las maderas que hubiese disponibles, normalmente recicladas de otros menesteres, aunque también se llegó a usar cañas y cañizo por su economía y abundancia. Para evacuar las aguas se usaba en un primer momento cañizo y paja, solución que más adelante fue sustituida por chapa.

Por aquel entonces el cultivo de chopo en la Vega de Granada estaba bastante extendido. El chopo es una especie de madera de la que podemos destacar tres aspectos: su flexibilidad, su ligereza y su estabilidad, los cuales son idóneos para la construcción de secaderos, así como otras construcciones asociadas a la explotación agrícola.

La solución estructural se basa en una serie de pórticos atados entre sí y reforzados con cruces de San Andrés en todos sus nudos, quedando así la estructura rigidizada en ambos ejes, a la vez que se daba soporte a la cubierta.

Los postes se cimentaban embutiéndolos en el terreno, en algunos casos con una suerte de pozo de cimentación de material pétreo y en otros con enanos de hormigón a los que por medio de una pletina metálica se fijaban los soportes verticales.

Para el atado de los diferentes elementos estructurales se usaban clavos que junto con el inexacto replanteo de los elementos dotaba a la estructura un carácter rústico propio de las autoconstrucciones agrícolas. Cuando los postes aparecen enterrados en el firme se complementa la cimentación con zunchos de atado.

El cerramiento era el aspecto más importante, pues permitía la ventilación necesaria para el secado de la hoja de tabaco, conformado por tablones fijados a la propia estructura. En ciertas zonas del cerramiento se practicaban huecos abatibles para hacer posible la regulación del flujo de aire que entraba al recinto. Alternando las aberturas en las fachadas se conseguía la ventilación cruzada necesaria.

En ocasiones, los encuentros no eran todo lo ortodoxos que estamos acostumbrados a ver hoy en día, no obstante estaban resueltos con pericia, solventando con gracilidad la falta de medios. Para salvaguardar la estructura se planeaba la construcción con la premisa de que todo estuviese atado (“y bien atado”), conformando así  una unidad estructural capaz de resistir tanto acciones verticales como  horizontales. Esto da como resultado curiosos encuentros en las zonas altas de la estructura, donde cambia el orden ortogonal por la geometría propia de la cubierta a dos aguas.

Sobre los tirantes de cubierta se apoyaban una serie de correas que hacían de soporte  para colgar las hojas de tabaco. Correas que aparecen plagadas de ataderos para tal fin. Por su parte la cubierta  estaba resuelta con el esquema típico de par, hilera, pendolón, jabalcón y tirante.

Secaderos mixtos

Propios de explotaciones agrícolas de mayor extensión que necesitaban de espacios más amplios para el secado del tabaco. Los secaderos de estructura mixta se presentan planteados con una estructura de pilastras de ladrillo y cerramientos mediante tabiques palomeros que permiten la ventilación necesaria. El rol de la madera se centraba en el atado interno de los soportes verticales y el sustento de la cubierta, así como la disposición de correas para el colgado de las hojas de tabaco.

El encuentro de la fábrica de ladrillo con las vigas de madera de chopo se resolvía directamente por inserción del madero en la fábrica en el momento de su construcción. Se complementaban los pórticos con cruces de San Andrés en el segundo nivel, ya que estos secaderos cuentan con más altura que los tradicionales de madera.

En cubierta varía el esquema respecto a los secaderos de madera, pues se aprovechan los soportes verticales para colaborar en las diferentes solicitaciones estructurales, quedando compuesta por pares y tirantes, prescindiendo del jabalcón y pendolón en sustitución por la pilastra. Debido a la mayor luz, los tirantes se dividen en dos vigas de madera que parten desde una viga central que hace a su vez la función de atado de pilares. Por su parte las aguas serán evacuadas mediante la tradicional cubierta de teja árabe tan abundante por la zona.


Corolario

Desde que el ser humano abandonó las cuevas como refugio primigenio, la construcción en madera ha acompañado al hombre en el ámbito doméstico y en aquellas tareas auxiliares relacionadas con la labor de la tierra. Aunque en el siglo pasado la madera ha sido desplazada por el hormigón y las estructuras metálicas, quizás es el momento de ejercitar el espíritu crítico y preguntarnos si abandonar un recurso tan valioso, sostenible y accesible es una buena idea en los tiempos que corren. Hemos visto cómo la madera fue fundamental en el desarrollo agrícola de la Vega de Granada y en general de toda la Península, ya que la madera permitía la construcción con materiales del entorno, generando cero residuos y con unas artes que pasaban de padres a hijos.

El declive del tabaco provocó la ruina de estas estructuras que os he traído con algunos ejemplos. ¿Qué deparará el futuro? Ironías del destino, en 2022 Granda es la primera productora a nivel europeo de cannabis sativa. Servidor se pregunta: ¿estará próximo el momento de volver a dar lustre a nuestros secaderos?


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