“Si no te sale ardiendo de dentro, a pesar de todo, no lo hagas. A no ser que salga espontáneamente de tu corazón y de tu mente, de tu boca y de tus tripas, no lo hagas (…). Si lo haces por dinero o fama, no lo hagas.”
No sabemos si Charles Bukowski será uno de los referentes literarios de Paula Alfonso, pero de lo que sí estamos plenamente convencidos es que esto que escribía en su poema “¿Así que quieres ser escrito?” se puede trasladar casi palabra por palabra a Paula y a su relación con la arquitectura.
Un vínculo con el que hoy es su trabajo que fue desarrollando desde sus primeros años de vida en su Cambados natal. Aunque sin “referentes familiares ni en construcción, ni arquitectos, ni aparejadores, ni ingenieros”, a la pequeña Paula se le ocurrió un día decir “que iba a ser arquitecta y nunca cambié de idea.”
Con estos precedentes podría decirse que Paula es de ideas fijas, pero se adapta mejor a su estilo el concepto de consistencia y la visión de una filosofía clara, además de una mente abierta, muy abierta. Paula ve la arquitectura como “un acto social” porque “lo que hagas implica no solamente modificar la vida de las personas sino las de su entorno”. Y partiendo de esa base, su forma de proceder es a través de “una arquitectura que deje la menor huella de C02, que sea responsable con el entorno y con la sociedad que hay alrededor”.

Es el suyo un estilo alejado de “las excentricidades y las huellas de autor y todas estas cosas”. Para ella “no todo vale en arquitectura”. Su objetivo es involucrarse “más en un concepto de arquitectura social” y que el cliente demanden sus servicios “porque ya vio algo de cómo trabajamos, del tipo de arquitectura que nos interesa, del impacto nulo, el acto social en sí mismo de construir”.
Esto puede implicar incluso más condicionantes de los que tiene por norma general un proyecto de arquitectura al uso, pero eso es algo que a Paula no le tira para atrás. “Me gusta que haya condicionantes previos. A mí esto de libertad total para crear me bloquea incluso”. Y en ese proceso de crear, lo tiene claro “la solución siempre es lo que aparente más sencillo, lo que menos esfuerzo requiere, pero que cumple con todo". Eso es a lo que, según ella, toda arquitectura debería aspirar y “dejarte de intentar quedar bien”.
En ese proceso de búsqueda, Paula define a sus colegas de profesión como “malabaristas” que tienen “un montón de bolas que conseguir mantener en el aire y es un puzle enorme que encajar y cuando está ahí tu cerebro ya bullendo con todo y ves que empiezan a encajar, esa parte es muy chula”.
La decisión de construir en madera se debe a varios factores. El primero, que “estamos en Galicia, la tradición de piedra y de madera es tremenda”. El segundo, que, “intentamos colocar materiales que no sean de combustibles fósiles ni derivados del petróleo. Intentamos que nuestras casas pesen menos (…), dejar la menor huella posible”. Y el tercero, aunque no el último, que “es imposible trabajar con madera y no enamorarte de ella. Al final ves todas las posibilidades que tiene, la versatilidad que tiene en obra, todo lo que te permite ir diseñando, ir creando...”.

Un material no sólo de presente, sino de futuro, porque “a día de hoy tenemos las herramientas para decir que la madera es el material más moderno que hay, con mayor desarrollo económico y tecnológico, que permite mayores cargas que el hormigón y que el acero”.
Esta pasión por la madera ha estado presente desde siempre en la arquitectura de Paula, pero más si cabe tras haber realizado “un máster en renovación urbana de rehabilitación que me sirvió sobre todo para afianzar y para ponerle datos a lo que ya sabía intuitivamente”. Pero entre tantos datos, “hay un parámetro que no se mide, que son las sensaciones que te produce una edificación. Si pensamos en los sentidos: olfato, vista, tacto… La madera responde bien a todos ellos. La parte sensorial que no se calibra normalmente en una vivienda hace que cuando estés en una obra” de madera “te sientas realmente cómodo y te sientas bien”.
Es ese tipo de arquitectura la que intentan fomentar desde su despacho: “construcciones sanas, de espacios abiertos, medioambientalmente responsables. Pero eso es como una especie de grano que aportamos porque somos así de utópicos y creemos que otra manera de construir es posible. Pero si todo esto no se acompaña de políticas sociales más transversales, más genéricas y más firmes que crean que un cambio de paradigma climático es posible, poco podemos hacer nosotros”.
Una salud de la que también le gustaría presumir en su despacho a nivel de “hábitos empresariales sanos” porque “en este mundo de arquitectura es una lacra bastante grande” y “si tienes esa manera de pensar en la vida tienes que tenerla en tu trabajo también”.

Y hasta aquí la primera parte de la docu-serie de Paula Alfonso, a la que seguirá una segunda parte de la que no haremos ningún spoiler salvo decirte que vaya obra más chula te vas a perder si no te suscribes a nuestra newsletter y nos sigues en las redes sociales (Instagram, Facebook y Linkedin).
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