Pichi y Trigo son de esas personas echadas para adelante a las que no les asusta ningún reto por complicado que parezca, sobre todo si son ellos mismos quienes se desafían mutuamente.
Ni se sabe cuántos inventos, avances de la humanidad e ideas imposibles hechas realidad comenzaron con un inocente “a que no hay h…”. Una frase que ha actuado como disparador a lo largo de la historia y que en innumerables ocasiones ha traído evolución, pero también alguna que otra desgracia.
La respuesta más habitual suele ser un “¿que no?” y a partir de ahí ya no hay forma de detener la imparable catarata de acontecimientos que se sucederán invariablemente y que, en el caso de Óscar y Pichi siempre acaba (o empieza, según como se mire) con un “eso se hace”.
Porque en Camiño do río “siempre estamos funcionando. Mi compañero siempre dice “esto se hace” y es verdad. Esto en la carpintería es lo mítico, esto se hace, al final lo hacemos”, nos cuenta Óscar Moraña, conocido en O Grove como Pichi.
A este delineante, diseñador de interiores, siempre le gustó “todo este rollo de hacer las cosas con las manos, me relaja”. Por eso ya de chaval hizo sus primeros pinitos con “dos tablas de skimboard” y, como él mismo reflexiona echando la vista atrás, “igual fue ese el germen (de Camiño do Río), puede ser”.

Pero no todo en la vida de Pichi era surf. De hecho, nada lo era. “Antes era un bicho de fútbol. Por enfermedades, lesiones, artritis y estas historias acabé cayendo un día en las garras del surf”.
Aunque él y Trigo se conocían de toda la vida, “del barrio, yo vivía muy cerca de la carpintería”, fue a raíz del surf cuando empezaron a entablar (nunca mejor dicho) una gran amistad.
Primero fue una tabla de fibra al uso, se fueron liando, un día Trigo apareció “con una tabla de madera, un cacho bicho grande, pesadísimo” y que “llamaba la atención”, le dijo a trigo que se hiciera él una igual, Pichi le pidió que le explicara cómo se hacía, Trigo le explicó, Pichi puso sus conocimientos técnicos como delineante para “economizar el trabajo y hacerlo más perfecto” y de aquellas olas estas tablas.
Piezas únicas que ya no es sólo que a nivel estético sean más bonitas “para mi gusto” y “para la mayoría humanidad”, sino que “la estabilidad que tiene la madera, cómo se comporta, no es comparable con el surf en fibra” el algo “sensitivo” en palabras de Pichi.
Eso sí, no es para todos los públicos. Hay quien simplemente las quiere como adorno, pero, en general, “los clientes que solemos tener es gente que sabe lo que quiere”. “A todo el mundo que nos pide consejo o que nos quiere comprar una tabla le decimos: primero prueba” porque “tenemos materiales de sobra en el taller para que la gente pruebe. Y después de que prueba a lo mejor no le gusta”.

Más que tablas de surf venden una forma de hacer, de ser, de vivir, de ver y de experimentar el surf. Un espíritu que mantienen intacto desde el día que vendieron esa primera tabla. “Fuimos a un festival en Asturias, en Caravia, y estábamos recogiendo el material para marcharnos y hacer el viaje de vuelta, que es lo peor de todo, y un paisano dijo “me llevo esta tabla”. Y nos quedamos, qué acaba de pasar, porque no tenía ni precio la tabla, qué está pasando aquí. Fue insuperable la sensación”.
En su proceso de fabricación reina el “no tirar nada”. Tanto es así que “una de las tablas que hicimos hace mucho tiempo fue aprovechando el fondo de un armario”. Es más, en el día a día “procuramos, sobre todo de toda la carpintería, reciclar para el taco de la cola, para hacer un remo” usar “resinas tintadas de un compañero que hace sus quillas y a lo mejor él nos da resto de resina y de ahí componemos con madera otras quillas”. Eso sí, escapando siempre de lo bio, lo eco y de cualquier moda.
Pero no sólo de tablas vive Camiño do Río. Las cajitas para el packaging de las quillas, soportes para tablas personalizados, trofeos para eventos y campeonatos, trabajos con cuero como monederos, carteras con forros… “La verdad es que hacemos de todo”, sentencia Pichi que tiene bastante claro que “el próximo artículo va a ser una bici”.

Nos despedimos de Pichi desde la playa de Lavaxeira, en O Grove, uno de esos rincones reservados para los locales y en los que la vida se disfruta de una manera diferente, con otra calma, donde parece que incluso en tiempo se para, aunque, como dice Pichi, “estamos siempre funcionando”.
Y él se despide de nosotros explicándonos que, si tuviera que lanzar al mar una botella con un mensaje, este sería “que cada uno haga con lo que se sienta feliz, que estamos dos días y si vas a estar encabronado haciendo lo que no te gusta no tiene sentido nada de esto. Entonces que cada uno haga lo que le realice, con lo que esté feliz y que pelee porque le salga bien”.
Desde woodiswood seguimos peleando por traerte proyectos inspiradores, por conectarte con otros profesionales y por hacer crecer este apasionante mundo de la madera. Si quieres echarnos un cable, comparte el contenido, suscríbete a nuestra newsletter y síguenos en las redes sociales (LinkedIn, Instagram, Facebook).
¡Buenas olas!
Suscríbete a nuestra Newsletter y entérate
de las novedades de la comunidad.